some halothan and fentanyl,
Volodya just wanted to break in,
now there are no Chechens or something...
Some of them don't breathe anymore,
some of them were just left alone,
some of them were the Russians,
those of them were given naloxone...
some of them were just left alone,
some of them were the Russians,
those of them were given naloxone...
(Música: Sweet Dreams, Eurythmics. Letra: Kobosov/DeNantes sobre mi idea)
No sé si recordaréis la tragedia del teatro Dubrovka, en Moscú.
Terroristas chechenos irrumpieron en la sala y utilizaron las vidas de los 800 rehenes como instrumento de presión contra el gobierno ruso, exgiendo el fin de la guerra en Chechenia. Tras el fracaso de las negociaciones convencionales, los rusos decidieron recurrir a algo más ingenioso: gas y lágrimas (que no gas lacrimógeno) por las 127 bajas entre los rehenes.
El gas, con el nombre en clave Kolokol-1 (que no deja de tener su guasa) es básicamente una combinación de halotano y un derivado del fentanilo. El halotano es un anestésico general inhalatorio, y el fentanilo un opiode (como la morfina o la heroína), así que podemos decir que la idea original de los rusos no era matar a todo el mundo, sólo "kolokarlos" un poco. De hecho, conceptualmente es genial: un terrorista anestesiado no va a explotar ni a disparar a nadie, y un rehén que se queda babeando en su butaca tiene menos probabilidades de que le maten.
Pero. Siempre hay un pero. No se puede calibrar bien la dosis de fármaco que va a recibir cada persona metiendo un gas por el sistema de ventilación de un edificio. Y a la gente que había en el teatro le pasó lo mismo que a un heroinómano cuando se pasa con la dosis: depresión respiratoria y muerte. Al parecer, los que entraron en el teatro llevaban naloxona, un antagonista competitivo del receptor μ de opiodes (un fármaco que se une al mismo receptor que el fentanilo, y no le deja actuar), capaz de revertir rápidamente los síntomas. Sin embargo, para algunos fue demasiado tarde.