El otro día, cometí un error, un error muy grave: ver los deportes en el telediario.
Primera noticia: ese portugués, guapito, que no sé como se llama pero sé que va a cobrar en un año más que yo en mi vida, revela el secreto de su juego: una funda protectora para los dientes. Le da más seguridad, al pobre. Es que si se le rompe un diente, vaya tela. Mutilado para toda la vida, porque al precio que están los implantes...
Mi opinión sobre la relevancia de la noticia ha quedado bastante clara. Pero eso no fue lo que me molestó. Al fin y al cabo, puede que le interese a alguien. Lo realmente desagradable vino luego, cuando apareció un iluminado hablando de la relación entre la protección dental y la seguridad en el juego, como si hubiera hecho cientos de estudios y fuera una eminencia en el tema. El problema es que la impresión que me dio fue que, con la misma autoridad, yo puedo decir que cualquier hombre que se ponga una de
éstas va a ser el nuevo Zidane.
Un poco de seriedad, por el amor de dios.