Cuando Red Leader salió de la sala, mis compañeros y yo intercambiamos sonrisas nerviosas, con un significado claro:
es bastante seco, pero no parece mal paisano. No nos equivocábamos. Incluso nos tenía reservada una sorpresa:
-Atención, tropa. He hablado con un compañero para que nos deje un rato a un paciente interesante que tiene. Seguidme.
Y recorrimos pasillos, conectores, ascensores y más pasillos hasta llegar a un fondo de saco con una puerta a la derecha y otra a la izquierda. En la pared, dos carteles escuetos, aunque descriptivos: Unidad de desintoxicación y Unidad de trastornos alimentarios.
Puerta de la izquierda, desintoxicación.
En el pasillo, un hombre de unos 60 años, bajito y gordo nos saluda con la mano.
-¡Hola! Soy el cobaya- Entra en su habitación, y se tira encima de la cama.
Red Leader comienza la entrevista clínica:
-Bueno, Cobaya, dígame. ¿Por qué está aquí?

-Ah, es que soy alcohólico. Yo antes me drogaba, sabe. Pero me desintoxiqué con metadona, bueno, no terminé y volví a caer, pero se me acabó el dinero y me pasé al alcohol. Después descubrí que me ponía malo tomándolo, pero también no tomándolo, y vine aquí.
-Entiendo. ¿Qué quiere decir con que se ponía malo?
-Pues eso, que vomitaba como con mocos por la mañana, y me temblaban las manos. Y claro, no se me pasaba hasta que iba al bar y me tomaba un par de cervezas o tres mientras abrían el Alimerka.
Yo en ese momento ya estaba cargando la cara de póker. Joder.
-¿Y veía cosas, no sé, como animales?
-¿Alucinaciones? No, no, nunca. Bueno, sí, es que a los 18 tuve el verano del LSD y claro, lo normal. Pero nunca por beber.
¿¡¡El verano del LSD!!?
-Y decía que intentó dejarlo.
-Sí, pero me ponía malísimo, hasta que mi psiquiatra me dio Valium. Pero perdí la caja.
¿Perder o vender?, he ahí la cuestión.
La entrevista continúa, mientras Red Leader la guía habilmente para encontrar datos relevantes. Al parecer el Cobaya había probado cocaína y hachís antes que heroína, y comenzó a fumar realmente pronto. Nada realmente destacable salvo por la hepatitis C, hasta llegar a genitourinario:
-¿Y tiene problemas de erección?- pregunta Red Leader en tono neutro.
El Cobaya le da una palmada en el brazo -Pues no, la verdad, supongo que es lo normal a los 50, que no siempre responde, pero es algo que nos pasa a todos, ¿no?
¿50 años? Eso son 10 menos de lo que le había echado.
Red Leader sonríe, comprensivo.
¡Qué hábil es! Parece sincero, pero algo en el fondo de sus ojos me dice que está conteniéndose para no decirle que él tiene unas erecciones feroces.
-Bueno, ahora voy a exporarle. Y empieza por la cabeza. Al llegar a la boca, nos gira y dice:
-Debéis tener en cuenta que algunos procedimientos son molestos para el paciente. Este que voy a hacer en concreto, a mí me parece de una crueldad extrema. Abra la boca.
El Cobaya la abre, y le dan arcadas cuando Red Leader le mete el depresor hasta la campañilla.
-Como podéis ver, tiene el reflejo un poco débil. A mí me hacen eso y llega el vómito hasta la pared- comenta impasible y sigue explorando.
-Bueno, ahora vamos a practicar la percusión. Tú misma- dice señalándome- dime cómo es el hígado.
¿Yo? Bueno, vale. A ver si me sale bien eso de los golpecitos. Tup, tup.
Sonido claro pulmonar. Top, top.
Mate. Bueno, creo que ya he llegado al hígado por arriba. Top, top. Top, top. Top, top. Top, top.
Es normal que tenga hepatomegalia, supongo. Top, top. Top, top. Top, top.
¿Hasta tan abajo? Top, top.
¿No me habré equivocado? Top, top. Tap, tap.
Sonido timpánico. Vaya hígado. Si estoy en línea con el ombligo. ¿Seguro que no me he equivocado?
-Muy bien, muy bien, Emtochka. Bueno, sigamos.
Y termina la práctica. La sopresa que nos tenía preparada, además de los miles de kilos de hígado del Cobaya, es que mañana vamos a estar solos ante el peligro. Espero que sean abuelitos adorables y no politoxicómanos con problemas de erección. Dan más confianza.